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  PANAMÁ: PARAÍSO PARA LOS OBSERVADORES DE BALLENAS  
     
  Por Robert E. Baker
Especial para prensa.com
 
     
 
Domingo | 28.08.2005
 
     
 
Fotos/Cortesía
Recientemente en una aventura, observamos a varias de las más grandes criaturas de las profundidades.

Estas son las majestuosas ballenas jorobadas que anualmente migran entre sus hogares de alimentación y reproducción, desde lugares tan lejanos como las costas heladas de Alaska hasta las aguas tropicales de Panamá y Suramérica.

Se les conoce por procrearse en las cálidas y cristalinas aguas cercanas al Parque Acuático de la isla de Coiba, aproximadamente 12 millas afuera de las costas del Pacífico de la costa oeste de Panamá.

Cuando son adultas, estas enormes ballenas jorobadas, pueden alcanzar un tamaño de entre 50 y 55 pies, las hembras; y de 45 a 50 pies, los machos.

Su tamaño natural comprende una ancho de 10 a 12 pies y normalmente pesan entre 40 y 50 toneladas cada una, a veces más.

GRATA EXPERIENCIA

A través de los años he sido lo suficientemente afortunado de presenciar docenas de paisajes con ballenas, a grandes distancias, pero nunca lo suficientemente cerca para percibir y sentir la majestad de estas grandiosas criaturas. Esto cambiaría pronto.

En el fin de semana del 9 de julio de 2005, me dirigí con seis amigos al Océano Pacífico, a pescar y bucear en un bote con motor fuera de borda, Mako, de 20 pies.

Estos es a varias millas fuera de la costa de la Isla Contadora, y de repente aproximadamente a 45 millas de la ciudad de Panamá divisamos una de las escenas más impresionantes que cualquiera de nosotros pudiera imaginar.

Fue una experiencia que jamás olvidaremos. A la distancia, quizás a unos 500 metros, vimos un chorro de lo que parecía ser un gran salto de ballena que después lanzó una llovizna de rocío blanco que demarcaba su ubicación.
Más tarde lo volvimos a ver.

Rápidamente, recogimos las cuerdas y nos dirigimos hacia donde estaba, y descubrimos que habían tres de ellas nadando de formas parecidas, sin que nada las perturbara.

Cuidadosamente nos acercamos y pronto nos hallamos a 10 pies de estos hermosos y magníficos gigantes del mar. Luego nos acercamos.

Las dos más cercanas tenían cabezas largas y abultadas con protuberancias llenas de baches y un cuerpo grisáceo macizo.

El cuerpo de los mamíferos resplandecía con el agua mientras se levantaban silenciosamente del océano, arqueando sus enormes espaldas, deslizando suavemente sus largas colas de vuelta a las profundidades, tal como si estuvieran realizando un ensayado ballet acuático.

Fue una vista impresionante que rápidamente nos hipnotizó por su formidable espectáculo.

Nos acercamos a unos dos o tres pies de distancia de dos enormes ballenas que se deslizaban con gracia.

Luego, a 20 metros a estribor, una de las ballenas jorobadas saltó completamente fuera del agua y cayó fuertemente lanzando grandes rociadas de blanca espuma que subían a lo alto.

En este momento, todos nos colocamos nuestros salvavidas y continuamos siguiendo estos gentiles mamíferos mientras avanzaban en su viaje a una velocidad aproximada de cuatro nudos.

Era un día prístino con un ardiente sol tropical y no podíamos creer tan buena fortuna.

En ocasiones, las ballenas se acercaban tanto al bote que llegamos a estar a un pie de poder tocarlas cuando pasaban.

Las ballenas continuaron su actuación mientras las acompañábamos lentamente.

Durante la siguiente hora, nos quedamos con ellas y las observamos con temor reverencial en tanto se deslizaban debajo de nuestro bote y junto a nosotros, cual poderosos submarinos sigilosamente emergiendo del agua y volviendo a sumergir suavemente sus largas aletas dorsales que miden de cuatro a cinco pies, que casi tocaban el casco de nuestro bote.

En varias ocasiones, después de sumergirse y desaparecer, movíamos nuestras cabezas de un lado a otro buscándoles cuando repentinamente reaparecían y soplaban hacia el aire una llovizna de agua de 20 pies de alto con un ruidoso estruendo que nos hacía saltar de miedo y emocionante sobrecogimiento.

Era una representación espectacular y un gran júbilo presenciarla. Nos sentíamos emocionados y nerviosos al mismo tiempo.

A veces nadaban a un lado, levantando sus aletas de unos 10 a 15 pies de largo hacia el aire golpeando en su descenso la superficie del océano.

Sus aletas eran oscuras en su parte superior y blancas en la inferior, llenas de arrugas en sus lados como en las antiparras.

Cuando se volteaban y giraban al descender, el brillante sol se reflejaba en el interior blanco de sus aletas y los resplandecientes matices de azul y verde del océano, nos tentaban a nadar detrás de ellas.

Cuando salieron del agua cerca de nosotros se podían observar los pequeños y redondos chichones en la parte delantera de sus cabezas de color gris oscuro y sus brillantes y negros ojos.

También llamaba la atención, su gran boca y bajo esta las alineadas arrugas de su garganta, que actúan como un gran acordeón, que expande su garganta al momento en que tragan miles de galones de agua mientras alimentan a sus crías.

Algunas veces, las ballenas cantaban y nosotros les cantábamos en respuesta, tratando de imitarlas esperando estar formando un vínculo surrealista y fuera de serie.

Luego, como para deleitarnos una vez más, a unos 50 metros, la más grande de las tres ballenas, que medía entre 50 a 55 pies de largo —lo medimos en comparación con nuestro bote— , de repente saltó fuera del agua e hizo una pirueta completa en el aire antes de estrellarse al descender, con un gran golpe que salpicó agua hacia todas direcciones.

Todos gritamos con entusiasmo y aplaudimos la grandiosa exhibición acuática, honrados de poderla presenciar.

Nuestras cámaras eran disparadas tan rápido como las enfocábamos.

Más tarde, las tres navegaron juntas, todas se elevaban a la superficie al mismo tiempo y rodaban a la siguiente zambullida como si fueran acróbatas de precisión actuando en Sea World (Mundo Marino).

MÁS ESPECTÁCULOS EN EL MAR

Fuimos a pescar por tres días consecutivos y en cada uno de esos tres días tuvimos la suficiente suerte de presenciar el espectáculo de ballenas antes descrito, cerca de las 5 a 10 millas del lugar anterior.

En cada ocasión, alteramos nuestros planes, recogimos las cañas de pescar y lentamente navegamos entre las ballenas alrededor de una hora.

En cada ocasión, vimos tres ballenas. Dos veces pensamos que eran las mismas tres ballenas, pero a la tercera visita, tuvimos la certeza que eran diferentes, debido a distintas cicatrices y marcas que tenían en sus espaldas.

Las aguas tropicales de Panamá son conocidas como área de reproducción de las ballenas jorobadas y parece que hubiera más de estos majestuosos gigantes que en años anteriores.

Estas son buenas noticias para Panamá.

 
     
 
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