 |
Fotos/Cortesía |
Recientemente en una aventura, observamos a varias de las
más grandes criaturas de las profundidades.
Estas son las majestuosas ballenas jorobadas que anualmente
migran entre sus hogares de alimentación y reproducción,
desde lugares tan lejanos como las costas heladas de Alaska
hasta las aguas tropicales de Panamá y Suramérica.
Se les conoce por procrearse en las cálidas y cristalinas
aguas cercanas al Parque Acuático de la isla de Coiba,
aproximadamente 12 millas afuera de las costas del Pacífico
de la costa oeste de Panamá.
Cuando son adultas, estas enormes ballenas jorobadas, pueden
alcanzar un tamaño de entre 50 y 55 pies, las hembras;
y de 45 a 50 pies, los machos.
Su tamaño natural comprende una ancho de 10 a 12 pies
y normalmente pesan entre 40 y 50 toneladas cada una, a veces
más.
GRATA EXPERIENCIA
A través de los años he sido lo suficientemente
afortunado de presenciar docenas de paisajes con ballenas,
a grandes distancias, pero nunca lo suficientemente cerca
para percibir y sentir la majestad de estas grandiosas
criaturas. Esto cambiaría pronto.
En el fin de semana del 9 de julio de 2005, me dirigí con
seis amigos al Océano Pacífico, a pescar
y bucear en un bote con motor fuera de borda, Mako, de
20 pies.
Estos es a varias millas fuera de la costa de la Isla
Contadora, y de repente aproximadamente a 45 millas de
la ciudad de Panamá divisamos una de las escenas
más impresionantes que cualquiera de nosotros
pudiera imaginar.
Fue una experiencia que jamás olvidaremos. A la
distancia, quizás a unos 500 metros, vimos un
chorro de lo que parecía ser un gran salto de
ballena que después lanzó una llovizna
de rocío blanco que demarcaba su ubicación.
Más tarde lo volvimos a ver.
Rápidamente, recogimos las cuerdas y nos dirigimos
hacia donde estaba, y descubrimos que habían tres
de ellas nadando de formas parecidas, sin que nada las
perturbara.
Cuidadosamente nos acercamos y pronto nos hallamos a
10 pies de estos hermosos y magníficos gigantes
del mar. Luego nos acercamos.
Las dos más cercanas tenían cabezas largas
y abultadas con protuberancias llenas de baches y un
cuerpo grisáceo macizo.
El cuerpo de los mamíferos resplandecía
con el agua mientras se levantaban silenciosamente del
océano, arqueando sus enormes espaldas, deslizando
suavemente sus largas colas de vuelta a las profundidades,
tal como si estuvieran realizando un ensayado ballet
acuático.
 |
Fue una vista impresionante que rápidamente nos
hipnotizó por su formidable espectáculo.
Nos acercamos a unos dos o tres pies de distancia de
dos enormes ballenas que se deslizaban con gracia.
Luego, a 20 metros a estribor, una de las ballenas jorobadas
saltó completamente fuera del agua y cayó fuertemente
lanzando grandes rociadas de blanca espuma que subían
a lo alto.
En este momento, todos nos colocamos nuestros salvavidas
y continuamos siguiendo estos gentiles mamíferos
mientras avanzaban en su viaje a una velocidad aproximada
de cuatro nudos.
Era un día prístino con un ardiente sol
tropical y no podíamos creer tan buena fortuna.
En ocasiones, las ballenas se acercaban tanto al bote
que llegamos a estar a un pie de poder tocarlas cuando
pasaban.
Las ballenas continuaron su actuación mientras
las acompañábamos lentamente.
Durante la siguiente hora, nos quedamos con ellas y las
observamos con temor reverencial en tanto se deslizaban
debajo de nuestro bote y junto a nosotros, cual poderosos
submarinos sigilosamente emergiendo del agua y volviendo
a sumergir suavemente sus largas aletas dorsales que
miden de cuatro a cinco pies, que casi tocaban el casco
de nuestro bote.
En varias ocasiones, después de sumergirse y desaparecer,
movíamos nuestras cabezas de un lado a otro buscándoles
cuando repentinamente reaparecían y soplaban hacia
el aire una llovizna de agua de 20 pies de alto con un
ruidoso estruendo que nos hacía saltar de miedo
y emocionante sobrecogimiento.
Era una representación espectacular y un gran
júbilo presenciarla. Nos sentíamos emocionados
y nerviosos al mismo tiempo.
A veces nadaban a un lado, levantando sus aletas de unos
10 a 15 pies de largo hacia el aire golpeando en su descenso
la superficie del océano.
Sus aletas eran oscuras en su parte superior y blancas
en la inferior, llenas de arrugas en sus lados como en
las antiparras.
Cuando se volteaban y giraban al descender, el brillante
sol se reflejaba en el interior blanco de sus aletas
y los resplandecientes matices de azul y verde del océano,
nos tentaban a nadar detrás de ellas.
Cuando salieron del agua cerca de nosotros se podían
observar los pequeños y redondos chichones en
la parte delantera de sus cabezas de color gris oscuro
y sus brillantes y negros ojos.
También llamaba la atención, su gran boca
y bajo esta las alineadas arrugas de su garganta, que
actúan como un gran acordeón, que expande
su garganta al momento en que tragan miles de galones
de agua mientras alimentan a sus crías.
Algunas veces, las ballenas cantaban y nosotros les cantábamos
en respuesta, tratando de imitarlas esperando estar formando
un vínculo surrealista y fuera de serie.
Luego, como para deleitarnos una vez más, a unos
50 metros, la más grande de las tres ballenas,
que medía entre 50 a 55 pies de largo —lo
medimos en comparación con nuestro bote— ,
de repente saltó fuera del agua e hizo una pirueta
completa en el aire antes de estrellarse al descender,
con un gran golpe que salpicó agua hacia todas
direcciones.
Todos gritamos con entusiasmo y aplaudimos la grandiosa
exhibición acuática, honrados de poderla
presenciar.
Nuestras cámaras eran disparadas tan rápido
como las enfocábamos.
Más tarde, las tres navegaron juntas, todas se
elevaban a la superficie al mismo tiempo y rodaban a
la siguiente zambullida como si fueran acróbatas
de precisión actuando en Sea World (Mundo Marino).
MÁS ESPECTÁCULOS EN EL MAR
Fuimos a pescar por tres días consecutivos y en
cada uno de esos tres días tuvimos la suficiente
suerte de presenciar el espectáculo de ballenas
antes descrito, cerca de las 5 a 10 millas del lugar
anterior.
En cada ocasión, alteramos nuestros planes, recogimos
las cañas de pescar y lentamente navegamos entre
las ballenas alrededor de una hora.
En cada ocasión, vimos tres ballenas. Dos veces
pensamos que eran las mismas tres ballenas, pero a la
tercera visita, tuvimos la certeza que eran diferentes,
debido a distintas cicatrices y marcas que tenían
en sus espaldas.
Las aguas tropicales de Panamá son conocidas como área
de reproducción de las ballenas jorobadas y parece
que hubiera más de estos majestuosos gigantes
que en años anteriores.
Estas son buenas noticias para Panamá.