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EL VALLE DE ANTÓN: EL JARDÍN DEL EDÉN

 
     
  Dr. Edgardo Gaitán
Consultorios América
TEL: 229-4388
 
     
 
Sábado | 29.10.2005
 
     
 
Fotos: Archivo/La Prensa
El viaje se realiza a través de una carretera sinuosa y ondulante como para esconder el tesoro al que te diriges y sorprenderte en cada recodo con un nuevo rincón de belleza natural exuberante y aun más impresionante que el que acabas de pasar.

Pues cada vuelta parece exhibir en sus colores pinceladas de divinidad hecha naturaleza. A medida que avanzas entre los cerros coronados de nubes, las montañas dan verdadero testimonio de lo inmutable del paraíso. Las flores multicolores flanquean el camino como guiándote con cariño hacia el hogar. El clima fresco, nuboso en los cerros, se convierte en delicioso frío nocturno donde las nubes parecen cobijar todo el valle.

Al llegar te encuentras con una entretejida maraña de calles y caminos, la mayoría bien trazados y pavimentados, y que te conducen a través de una fabulosa colección de casas de descanso, villas, hoteles y algunas mansiones que más que casas de descanso constituyen casas de sueños donde la imaginación se escapa y te lleva hasta hacerte sentir de regreso en el Edén.

Les cuento que cada casa parece tener su propio curso de agua, quebrada o río con elegantes y casi sonrientes peces multicolores que retozan y juguetean ante la mirada curiosa y asombrada del visitante. Las cascadas se deslizan hasta llenar las piscinas de estas mansiones de fantasía, y en ocasiones su susurro se interrumpe por el ruido de los caballos finos que se acercan a calmar su sed, bebiendo de sus cristalinas aguas.

El Valle de Antón también tiene como punto de interés una hermosa iglesia con dos torres que contrastan con la altura de las verdes montañas que le sirven de fondo, como si contemplásemos una hermosa pintura naturalista.

También les diré que esta iglesia alberga “El Museo del Valle de Antón” donde podemos admirar parte de la historia de esta región. También como en todo pueblo interiorano, los domingos, constituyen el punto de reunión de los habitantes fijos y de fin de semana, para el intercambio de noticias, opiniones y a veces ha sido el escenario de pactos políticos y comerciales de gran importancia no solo para la región sino para todo el país.

El Valle así abreviado y con esa entonación que denota familiaridad, pertenencia y casi íntima complicidad de vivir allí, también cuenta con una gran cantidad y variedad de restaurantes, algunos sencillos y modestos, otros magníficos, pero todos con ese ambiente romántico que casi se ha extinguido entre las exigencias y arrebatos de este siglo donde la velocidad es un dios.

Les cuento que encontré uno llamado “El Rincón Vallero” donde ese ambiente romántico ha sido llevado al máximo, donde el silencio de la naturaleza solo se interrumpe por los susurros cargados de amor de las parejas en luna de miel, los cantos de los pájaros y el murmullo de las cristalinas aguas de la quebrada que pasa por el centro del salón. En esta agua viven felices peces que atraen la atención de adultos y sobretodo de los niños que se asombran de que son mucho más bellos que aquellos de los videojuegos que amordazan su imaginación infantil.


LA GENTE DE EL VALLE

Ni que decirles de la comida, estupenda. Sin embargo, les diré que el corazón geográfico y sentimental está en el mercado. Este lugar cálido y sencillo, palpita lleno de vida los domingos pues la gente se reúne aquí para adquirir vegetales tan frescos que su savia aún se desparrama por la mesa donde se exhiben.

Las artesanías se muestran en todo su esplendor. Los vivos colores de la cerámica encienden la mente y la fantasía. Los animales de barro parecen estar tan vivos como nosotros, y los sombreros “pintaos”, estatuas y balcones atraen nuestras manos como los dulces atraen las manitas de los infantes. Los artesanos orgullosos muestran al público los magníficos resultados de su trabajo, belleza, arte y sudor.

Los turistas se agolpan asombrados a observar cómo los trozos de barro adquieren vida propia con las suaves pinceladas de magníficos colores.

Las plantas y flores llenan el ambiente con aromas deliciosos que solo se interrumpen cuando la suave brisa nos trae el aroma del rico pan que se está preparando en el horno de una casa vecina. Te diré que la gente es amistosa, franca y servicial. Los árboles frondosos ofrecen su sombra generosa y sus frutos a la altura de la mano, haciendo comprender en toda su extensión el significado de “coger mangos bajitos”.

Las plantas de Bambú se aglomeran con una cohesión que mataría de envidia a los miembros de cualquier partido político o sindicato, al tiempo que se extienden hacia arriba, alcanzado alturas que amenazan llegar al cielo, mientras los pájaros cantan y extienden sus alas como querubines en alabanza.

Los juegos infantiles se desarrollan con tal vivacidad y alegría que los chicos y chicas desean que nunca se terminaran. Me fascinó verlos jugar tan activos, tan diferentes a ese estado hipnótico que les provocan los videojuegos, la mala televisión y la alienante internet.

Desde niño escuché la leyenda de la india que, víctima del hechizo de un brujo, se quedó dormida para siempre y se convirtió en un hermoso cerro como forma de mujer acostada y que se llama La India Dormida.

Esta hermosa formación montañosa posa inmóvil como eterno guardián de este Edén llamado El Valle de Antón. Pero ahora después de conocer la región estoy seguro de haber descubierto que el hechizo del brujo para mantener dormida a esta beldad por los siglos de los siglos consiste en el encanto del arrullo eterno de los sonidos y murmullos de la naturaleza en este paraíso terrenal.

 
     
 
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